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disfraces y máscaras
Distinta
cada día, cada segundo, desde cada uno de sus palacios,
iglesias o puentes, a Venecia sólo se le puede
fotografiar como un misterio.
Comienzan los carnavales, unas
fiestas únicas para vestirse un disfraz, colocarse una
careta y ser uno mismo, desde el anonimato. El origen
etimológico nos indica que estas fechas preceden a la
Cuaresma ya que carnaval proviene del latín carnis
tollendus, la carne que se ha de quitar. En estas fechas se permite la
extravagancia y el desenfreno puesto que anteceden a la
época más austera de cuantas obliga el cristianismo.
La máscara añade cada año más belleza y romanticismo
a esta ciudad italiana
Originalmente, el carnaval de Venecia era la oportunidad que todos esperaban
para poder realizar, gracias al anonimato proporcionado por la máscara y el
disfraz, todo aquello que los condicionamientos sociales impedían a cara
descubierta. Las diferencias sociales desaparecían, los amores prohibidos se
realizaban. Todo era posible durante dos semanas al año. El Consejo de los Diez
cuidaba de que no se sobrepasaran los límites, especialmente que las mujeres no
mostraran sus desnudeces. Luego, una vez terminado el festejo, cada uno volvía a
asumir su papel en el mundo de las apariencias, el reino de una moral con
grandes dosis de hipocresía.
Hoy el carnaval ha unido las costumbres festivas precristianas, del medievo,
el teatro de la calle y hasta el circo. Especialmente a partir de 1981, recupera
el ambiente y las vestimentas del siglo XVIII. Varios talleres importantes -Mondonovo
y Tragicómica en máscaras, Atelier Nicolao y Atelier del Costume en disfraces-
fabrican durante todo el año los creativos y lujosos disfraces y máscaras -en
los que a menudo abunda la seda y el oro- que habrán de alquilarse o venderse en
carnaval. La fiesta comienza con una procesión de máscaras y artistas de calle.
Comienza en la plaza de San Marcos y se prolonga nueve días. Venecia se
convierte en destino de miles de turistas. Comitivas de músicos, saltimbanquis,
artistas de todo tipo y disfrazados en general salen de diversos puntos de la
ciudad dispuestos a emular a Casanova.

Venecia
en sus carnavales es el gran teatro del mundo.
Si aquí hay una explosión (y más que explosión es sacudida) es de
arte, de ensoñación, de mensaje sin palabras, sólo con imágenes.
Arte en todo, en las gentes y su manera de cubrir los rostros y
los cuerpos en su totalidad. Maquillajes, el atrezzo necesario, el
decorado o telón de fondo (y aún de boca) que ningún pintor podría
improvisar nunca.
Si hay un lugar donde el amor cobra otra dimensión, se entiende de
otra manera y es, exactamente, diferente, este lugar mágico, casi
inexplicable, es, a buen seguro, Venecia, la perla de Adriático.
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