Este
día, como ocurre con otras muchas
fiestas que la liturgia cristiana ha
integrado como suyas, era ya celebrado
como fecha de cortejo y enamoramiento
por nuestros antepasados más remotos.
Desde los babilonios a los romanos,
bien en el marco de su akitu (Año
nuevo babilónico) o de las lupercales
(Año nuevo romano) respectivamente,
dedicaban el 14 y 15 de febrero a los
dioses paganos del amor y la
fertilidad.
San Valentín, situado
doce días después de la Candelaria, no
es sino una de las fiestas
carnavalescas, cuyos antecedentes
paganos se extienden por todo el mundo
indoeuropeo, tanto en las lupercales
romanas como en la fiesta celta de
Imbolc y que en realidad lo que
celebran es el regreso del Sol y el
comienzo de la primavera. La tradición
dictaba que si el día dos de febrero
había luna llena, el invierno duraría
aún otros cuarenta días y la primavera
sería tardía, pero si no había luna o
ésta era nueva, entonces se daba la
estación fría por terminada y
comenzaban los festejos. El refrán que
dice "por Candelaria el invierno se
apacigua o retoma rabia" es testimonio
de esta antigua costumbre.
Curiosamente, todo las
ceremonias folclóricas destinada a
celebrar los cambios de estación
tienen lugar en las mitologías
populares, y también en la liturgia
cristiana, durante los doce días
intermedios. En el caso del Año Nuevo
(o solsticio de invierno) son los que
van desde Navidad a Reyes, y en el del
Carnaval son los que van desde el dos
al catorce de febrero.
Las
celebraciones más próximas a
nosotros son las lupercales romanas,
así como la fiesta celta de Imbolc (2
de febrero). Ambas conmemoraban el
regreso de la primavera que vencía al
frío y duro invierno con el nacimiento
de la vegetación. Así, la Candelaria
era un día consagrado a Venus por los
romanos, que en esa fecha encendían
velas y sacaban candelas a sus puertas
para celebrar el regreso del Sol a sus
campos, y con él la llegada de la
fertilidad, que como es natural,
también se invocaba en ritos de
cortejo entre las jóvenes parejas. Por
otro lado, durante esta fiesta se
conmemoraba también el regreso de
Perséfone, que cada año desciende seis
meses al oscuro reino infernal de su
esposo Plutón. Las sacerdotisas de
Ceres, diosa de los cereales y madre
de Perséfone, recorrían en esos días
los campos provistas de antorchas
reclamando el regreso a la superficie
de la tierra. Asimismo, los romanos
dedicaban el mes de febrero a las
purificaciones y a apaciguar las almas
de los muertos. De hecho, el término
latino februa, quiere decir ceremonias
expiatorias.
En Suecia se le llama
el día de todos los corazones –Alla
Hjärtans Dag–, mientras que en
otros países recibe el nombre de un
martir romano, San Valentín.
Desde la Edad Media, el 14 de febrero,
día de San Valentín en Inglaterra,
Escocia y Francia, fue la fecha en
que, por sorteo, se emparejaba
temporalmente a jóvenes solteros para
formar parejas de cara a las fiestas
del verano. En Suecia, eso se hacía
para Pentecostés.
En la Edad Media se
escribían también versos,
especialmente poesías de San Valentín,
cartas de amor en rima dirigidas por
jóvenes varones a mujeres. En el siglo
XIX surgió la costumbre de enviar
tarjetas de San Valentín impresas y
con adornos.
Al mismo tiempo, en Estados Unidos se
popularizó la costumbre de cortejar a
su amada/o el día de San Valentín
enviándose mutuamente tarjetas en
forma de corazón y/o costosos regalos.
Esa costumbre se
difundió luego de EE.UU. a Suecia,
donde, sobre todo por medio de las
guarderías y las escuelas, se
generalizó en la década de 1980.