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Santa Claus o Nicolás
La imagen de
Santa Claus, viejecito regordete y
sonriente que trae regalos a los
niños buenos el día de Navidad tuvo
su origen en la historia de
San Nicolás.
Existen varias
leyendas que hablan acerca de la
vida de este santo:
En cierta
ocasión, el jefe de la guardia
romana de aquella época, llamado
Marco, quería vender como esclavo a
un niño muy pequeño llamado Adrián y
Nicolás se lo impidió. En otra
ocasión, Marco quería apoderarse de
unas jovencitas si su padre no le
pagaba una deuda. Nicolás se enteró
del problema y decidió ayudarlas.
Tomó tres sacos llenos de oro y en
la Noche de Navidad, en plena
oscuridad, llegó hasta la casa y
arrojó los sacos por la chimenea,
salvando así a las muchachas.
Marco, quien
quería acabar con la fe cristiana,
mandó quemar todas las iglesias y
encarcelar a todos los cristianos
que no quisieran renegar de su fe.
Así fue como Nicolás fue capturado y
encarcelado. Cuando el emperador
Constantino se convirtió y mando
liberar a todos los cristianos,
Nicolás había envejecido. Cuando
salió de la cárcel, tenía la barba
crecida y blanca y llevaba sus
ropajes rojos que lo distinguían
como obispo; sin embargo, los largos
años de cárcel no lograron quitarle
su bondad y su buen humor.
Los cristianos
de Alemania tomaron la historia de
los tres sacos de oro echados por la
chimenea el día de Navidad y la
imagen de Nicolás al salir de la
cárcel, para entretejer la historia
de Santa Claus, viejecito sonriente
vestido de rojo, que entra por la
chimenea el día de Navidad para
dejar regalos a los niños buenos.
El Nombre de
Santa Claus viene de la evolución
paulatina del nombre de San Nicolás:
St. Nicklauss, St, Nick, St. Klauss,
Santa Claus, Santa Clos,
Sinterklaas o Pere Noel.
En 1822 el Dr.
Clement Clarke Moore, escribió un
poema titulado "una visita de san
Nicolás," conocida mejor como "la
noche antes de Navidad." Su verso
dio un sabor ártico a la imagen de
Santa cuando lo mostró acompañado de
varios renos y un trineo. Es la
descripción de Moore de Santa en que
pensamos más a menudo: "él tenía
una amplia cara y un pequeño vientre
redondo, que se sacudía como un
tazón de gelatina cuando reía."
No obstante,
el ejemplo de San Nicolás nos enseña
a ser generosos, a dar a los que no
tienen y a hacerlo con discreción,
con un profundo amor al prójimo. Nos
enseña además, a estar pendiente de
las necesidades de los demás, a
salir de nuestro egoísmo, a ser
generosos no sólo con nuestras cosas
sino también con nuestra persona y
nuestro tiempo.
En este
sentido, la Navidad es un tiempo
propicio para imitar a San Nicolás
en sus virtudes
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