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Las tormentas y otros ruidos
fuertes como cohetes, petardos o sirenas, son
considerados por muchos perros como amenazas y por ello
pueden hacer que se sientan acobardados y reaccionen de
manera exaltada.
El miedo provoca unos síntomas que se hacen
muy evidentes a simple vista en los gestos y movimientos del
animal. Una respiración inusualmente agitada, temblores
incesantes, el rabo muy bajo o entre las patas y que su lomo
se arquee, son los rasgos que más comúnmente se hacen notar.
No menos extraño es que el can gruña o ladre repentinamente.
Pero debemos tener cuidado si vemos que actúa de manera
especialmente agresiva, porque su instinto muchas veces le
lleva a sentir que tiene que defender su territorio ante los
extraños y puede llegar a atacar. Recuerda que los
perros miedosos son los mejores guardianes, ya que
muestran una mayor desconfianza ante personas ajenas.
Estas conductas se pueden presentar de
forma innata y como algo genético, habiendo algunas razas más
propensas a desarrollarlas. La mayoría de las veces ese temor
tiene su raíz en alguna experiencia traumática que haya
vivido, de manera que se presentará de forma aislada y ante un
determinado estímulo. En multitud de casos es debido a nuestra
manera de comportarnos con él, pudiendo generarle fobias de
manera indirecta cuando les alzamos la voz o cuando jugamos
con ellos de una manera brusca. No es necesario decir
que la violencia aplicada sobre el animal siempre será una
fuente de temores.
Lo mejor es actuar con naturalidad e
intentar distraerle cuando algo le asuste. No es aconsejable
presionarlo, sino que hay que tratar que él mismo se enfrente
a ello, sin premiarle o calmarle, ya que podrían interpretar
que su reacción es algo bueno. Podemos tratar de corregirle,
pero no de manera excesiva, porque lo único que conseguiremos
es empeorar la situación.
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